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Cuba enfrenta una crisis marcada por apagones, escasez y restricciones financieras

La Habana enfrenta una crisis que ha alterado la vida cotidiana por la combinación de apagones prolongados, escasez de alimentos, falta de combustible y restricciones para realizar operaciones financieras. Durante julio y agosto de 2026, distintas zonas de Cuba registraron interrupciones eléctricas que llegaron a extenderse por varios días.

La falta de electricidad afecta a hogares, comercios, escuelas, hospitales y servicios públicos. En algunos sectores, los periodos con suministro se reducen a unas cuantas horas y comienzan sin aviso, lo que obliga a las familias a concentrar en ese momento actividades como cocinar, almacenar agua, lavar ropa y recargar teléfonos.

Alimentos y salarios pierden capacidad de compra

El calor y los cortes de energía dificultan la conservación de productos perecederos. La compra diaria de alimentos se ha convertido en una práctica común para evitar que se echen a perder, mientras los precios de productos como huevo, pollo y queso superan con facilidad los ingresos mensuales de numerosos trabajadores.

La Libreta de Abastecimiento continúa siendo para muchas familias una vía esencial para acceder a productos subsidiados. Sin embargo, las entregas son irregulares y pueden limitarse a cantidades reducidas de arroz, sin incluir de manera constante carne, leche, café, aceite o azúcar.

Transporte limitado por la falta de combustible

La escasez de gasolina también ha reducido la circulación de vehículos públicos y privados. Las gasolineras permanecen vacías durante largos periodos y los autobuses que conectan La Habana con otras ciudades han cancelado corridas, con prioridad para traslados médicos y otros viajes considerados indispensables.

En la capital han ganado presencia los triciclos eléctricos, algunos con adaptaciones solares. Estos vehículos transportan a varios pasajeros en recorridos cortos y funcionan como una alternativa ante la disminución del transporte convencional.

Restricciones financieras y digitales

La crisis también alcanza las operaciones bancarias y la comunicación con el exterior. Desde junio de 2026, los pagos con tarjetas Visa y Mastercard dejaron de procesarse en Cuba mediante el sistema utilizado por la isla, una medida vinculada a sanciones estadounidenses y a la salida del banco extranjero que realizaba esas operaciones.

La interrupción de servicios financieros dificulta los pagos, los retiros de efectivo y las transferencias. A esto se suman problemas para acceder a plataformas digitales y para utilizar internet durante los largos periodos sin electricidad.

Resolver en medio de la crisis

Ante la falta de recursos, los habitantes recurren a reparaciones caseras, plantas portátiles, paneles solares y otras soluciones para mantener funcionando refrigeradores, negocios y equipos básicos. La capacidad de improvisar se ha vuelto indispensable para enfrentar la escasez de energía, transporte y alimentos.

Incluso en este contexto persisten espacios para la actividad cultural. En La Habana, músicos de la orquesta infantil Sonido Auténtico han ofrecido presentaciones acústicas cuando no hay corriente eléctrica y han aprendido a elaborar sus propias cañas para instrumentos como el clarinete y el oboe, debido al alto costo de las piezas comerciales.

La combinación de apagones, inflación, desabasto y restricciones financieras mantiene a Cuba bajo una presión cotidiana que se refleja tanto en las necesidades básicas como en la manera en que sus habitantes trabajan, se trasladan, se alimentan y sostienen sus actividades culturales.