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Tacos envenenados: el crujiente manjar que representa a Zacatecas

Los tacos envenenados son uno de los platillos más representativos de Zacatecas. Preparados con tortillas grandes y gruesas, una mezcla de frijoles, papa, chorizo y condimentos, estos tacos se fríen hasta adquirir una textura crujiente y han pasado de generación en generación entre familias dedicadas a su elaboración.

Aunque su nombre puede parecer peligroso, el platillo no contiene sustancias tóxicas. La denominación está relacionada con su picor y con distintas historias populares sobre su origen, entre ellas la versión que atribuye su creación a don Lauro, quien vendía tacos en las inmediaciones de la antigua estación del ferrocarril de la capital zacatecana durante la década de 1940.

El origen de un nombre peculiar

Jesús García Pinales, integrante de una familia con más de 50 años dedicada a la venta de tacos envenenados, considera que el nombre surgió por el intenso picor que tenía la preparación en sus primeros años. En aquel entonces, la salsa o los chiles podían incorporarse directamente a la mezcla, por lo que el sabor resultaba especialmente fuerte para los niños.

Otra versión de la memoria popular señala que don Lauro utilizaba la frase “¡Si quiere envenenarse, coma tacos!” para responder a quienes preguntaban por los ingredientes de su preparación. La expresión habría quedado plasmada en un rótulo de su puesto y terminó dando identidad al platillo.

Un legado familiar

La familia García se acercó a la receta original a través de un hombre conocido como Crucito, quien habría aprendido los secretos de la preparación y posteriormente los compartió con sus integrantes. A finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, la familia instaló su primer local en la calle Justo Sierra, en el centro de Zacatecas.

Jesús explica que eran siete hermanos y que cinco de ellos llegaron a tener puestos propios. Él lleva alrededor de 25 años dedicado al negocio, principalmente después de jubilarse como profesor de secundaria, mientras que sus hermanos acumulan más tiempo en la venta del platillo.

Durante años, la familia llevó canastos con cientos de tacos a escuelas secundarias de Zacatecas. En los recreos, los estudiantes esperaban la llegada de los vendedores y podían consumir hasta 300 piezas en cuestión de minutos, una práctica que ayudó a formar el gusto de varias generaciones por este antojito.

La evolución del taco envenenado

La tortilla grande y gruesa continúa siendo uno de los elementos distintivos del taco envenenado. Con el paso del tiempo, algunos negocios familiares adquirieron maquinaria propia para garantizar el abasto y mantener las dimensiones necesarias para la preparación.

También surgieron nuevas versiones a petición de los comensales. Al relleno tradicional se le pueden añadir ingredientes como queso o bistec, mientras que el taco chico nació después de que se agotaran las tortillas grandes en una ocasión y se utilizara una tortilla convencional para atender a un grupo de jóvenes.

El formato pequeño dejó de ser una solución improvisada y comenzó a utilizarse como botana en bodas y eventos de etiqueta. De esta manera, el platillo ha conservado su preparación tradicional, pero también se ha adaptado a nuevos públicos y espacios.

Actualmente, los relevos generacionales mantienen activa esta tradición. Jesús apoya a su hijo Mario Alberto García, quien abrió el negocio La Mina, con lo que la receta y la historia de los tacos envenenados continúan vinculadas a las familias que ayudaron a convertirlos en un símbolo gastronómico de Zacatecas.