El rock mexicano ha cambiado de escenarios y herramientas, pero no de desafío: mientras las bandas de los años 70 buscaban espacios en los llamados hoyos funky, los proyectos actuales pueden grabar desde casa y distribuir su música en plataformas digitales, aunque todavía deben luchar por encontrar una audiencia.
La transformación atraviesa varias generaciones de músicos. Dimitri y las Brujas, agrupación surgida en 2020 durante la pandemia, representa a los proyectos que pueden producir canciones sin depender de una compañía discográfica y presentarse ante nuevos públicos mediante internet. Este sábado 19 de septiembre, el grupo llegará a la Sala Pepsi Black, en Ciudad de México.
Sin embargo, la facilidad para publicar música también incrementó la competencia. La gran cantidad de proyectos y plataformas disponibles obliga a las bandas a desarrollar una identidad propia para llamar la atención de los oyentes.
Una historia marcada por la marginación
Luis Álvarez, fundador de El Haragán y Compañía, recuerda que a finales de los años 80 comenzó a abrirse camino al tocar en el transporte público y en colonias populares del Valle de México. Desde su perspectiva, el rock continúa enfrentando prejuicios y dificultades para acceder a ciertos espacios.
“Cualquier banda que llegue está abriendo la brecha para las demás, porque muchos lugares están negados; sigue un poquito el prejuicio y la lucha por abrirlos”.
Alex Lora también identifica un punto de quiebre en la historia del género. Cuando comenzó con Three Souls in My Mind, en 1968, y después del Festival de Avándaro de 1971, el rock quedó fuera de los grandes espacios y encontró refugio en lugares alternativos conocidos como hoyos funky.
Para Lora, el acceso al éxito ha conservado una regla esencial: trabajar de manera constante y crear canciones capaces de expresar lo que una comunidad siente. Esa conexión con el público, sostiene, permite que una canción permanezca con el paso del tiempo.
De la distribución física a las plataformas
En una generación intermedia se encuentra DLD. Erik Neville, guitarrista de la agrupación, recuerda sus inicios en MySpace, a comienzos de los años 2000, cuando grabar un álbum requería rentar un estudio y conseguir acuerdos de distribución para colocar discos en las tiendas.
Las plataformas digitales redujeron esas barreras y permitieron que más músicos compartieran su trabajo. No obstante, el acceso a la publicación no garantiza por sí mismo que una banda sea escuchada, debido a la cantidad de propuestas que compiten por la atención del público.
Dimitri y las Brujas busca que una nueva generación vuelva a formar bandas y mantenga activo el género. La agrupación considera que el rock no desapareció, sino que atravesó una etapa de menor visibilidad y ahora puede recuperar espacios mediante el trabajo constante y la conexión entre músicos y audiencia.

