Un ensayo publicado el 4 de octubre de 2026 revisa el conflicto entre Israel y Palestina desde una perspectiva histórica y sostiene que la violencia actual no puede entenderse como un episodio aislado. El texto vincula la guerra en Gaza con procesos acumulados de ocupación, desplazamiento, colonización y confrontación política que se remontan a finales del siglo XIX.
La tesis central es que la historia de ambos pueblos permanece en disputa y que la falta de reconocimiento del sufrimiento palestino y del trauma israelí ha impedido construir una convivencia estable. El análisis también cuestiona que toda crítica a las decisiones del Estado de Israel sea considerada automáticamente antisemita.
Una historia marcada por dos nacionalismos
El texto sitúa los antecedentes del conflicto moderno en el surgimiento del sionismo, a finales del siglo XIX, como respuesta política al antisemitismo europeo y a la persecución contra las comunidades judías. También recuerda que Palestina contaba con una población árabe mayoritaria cuando el movimiento comenzó a promover la creación de un hogar nacional judío en ese territorio.
Durante el Mandato británico, las tensiones entre el nacionalismo árabe palestino y el sionismo aumentaron por razones territoriales, demográficas y políticas. En 1947, la Organización de las Naciones Unidas aprobó un plan de partición; un año después, la creación de Israel y la guerra provocaron el desplazamiento masivo de cientos de miles de palestinos, un episodio conocido por los palestinos como la Nakba o Catástrofe.
La ocupación y la radicalización del conflicto
La revisión histórica también aborda la guerra de 1967, cuando Israel ocupó Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. A partir de ese momento, sostiene el ensayo, la ocupación militar, la expansión de asentamientos y las restricciones impuestas a la población palestina se convirtieron en elementos permanentes de la disputa.
El texto relaciona las sucesivas guerras, las dos Intifadas y la falta de avances políticos con la radicalización de sectores israelíes y palestinos. En ese contexto, señala que Hamás y los grupos de extrema derecha israelíes representan proyectos políticos y religiosos enfrentados, pero alimentados por una dinámica común de violencia y exclusión.
Gaza y el debate sobre el genocidio
Sobre la guerra iniciada después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, el ensayo describe la ofensiva israelí en Gaza como una campaña de destrucción a gran escala y sostiene que sus efectos han alcanzado a la población civil, la infraestructura y las condiciones básicas de vida.
La palabra genocidio ocupa un lugar central en el análisis. El texto presenta esa calificación como una interpretación sostenida por historiadores, activistas y sectores críticos de la política israelí, mientras recuerda que el ataque de Hamás también fue un crimen contra civiles y provocó un trauma profundo en la sociedad israelí.
El ensayo advierte, sin embargo, que condenar los crímenes cometidos por Hamás no debe utilizarse para borrar el contexto histórico de la ocupación, ni que denunciar las acciones del gobierno israelí debe confundirse con hostilidad hacia las personas judías. La distinción, plantea, es indispensable para debatir el conflicto sin convertir la identidad religiosa o étnica en una justificación política.
Las voces críticas dentro de Israel
Otro eje del texto es la existencia de historiadores, periodistas, artistas, exmilitares y organizaciones israelíes que cuestionan la ocupación y la expansión de los asentamientos. Sus posturas muestran que no existe una sola opinión israelí sobre la guerra, la seguridad nacional o el futuro de la relación con los palestinos.
El cierre recupera la preocupación de antiguos mandos militares y funcionarios por la violencia de los colonos en Cisjordania. Para esas voces, la expansión territorial y los ataques contra comunidades palestinas representan una amenaza interna para Israel y pueden profundizar el aislamiento internacional del país.
Memoria, convivencia y futuro
Frente a las alternativas tradicionales, el ensayo también presenta propuestas de activistas israelíes y palestinos que rechazan la violencia y defienden una convivencia democrática. Algunas de esas iniciativas ya no plantean necesariamente la separación en dos Estados, sino la creación de un espacio común con igualdad de derechos.
La conclusión del análisis es que ningún acuerdo duradero podrá construirse mediante el olvido. Reconocer las pérdidas, los desplazamientos y los miedos de ambas comunidades aparece como una condición para frenar la lógica de represalias y evitar que la historia siga siendo utilizada para justificar nuevas formas de violencia.

